¿Qué pasará con el volcán Cumbre Vieja tras dos meses iniciada su erupción?

El volcán en Cumbre Vieja, en la isla española de La Palma, cumple este viernes dos meses desde que comenzara su erupción sin que existan certezas de que vaya, efectivamente, a menos, como parecían intuir los científicos hasta que hace solo 48 horas hubo un aumento de la sismicidad y de la señal de tremor.

Nadie se atreve a ponerle fecha de caducidad porque a lo largo del proceso eruptivo ha habido diferentes altibajos, tal y como viene advirtiendo el comité científico desde el minuto 1.

Su portavoz, María José Blanco, del Instituto Geográfico Nacional de España (IGN), ya avisó el martes que, aunque la tendencia de la energía del volcán era descendente, la erupción no iba a acabar “a corto plazo”. Y al día siguiente habló abiertamente de un “cambio apreciable” de dinámica.

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”Aunque se esté portando mejor en comparación con semanas anteriores, la pregunta del millón, cuándo acabará la erupción, tiene que esperar un poco más”, entre otras razones porque puede haber “un pulso, un reseteo, y empezar de nuevo”.

El que así opina es Stavros Meletlidis, vulcanólogo del IGN, quien señaló a Efe: “Hemos esperado dos meses y no pasa nada por esperar un poco más. Hay que comprender que esto es un proceso geológico, no es una tormenta o un incendio”.

Meletlidis comprende que exista “mucha expectación” respecto a cuándo podría finalizar la erupción, “pero es mejor esperar y asegurarse”. “Si la erupción fuera en una isla perdida del Pacífico, nos iríamos, pero aquí está ligada a una emergencia”.

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”Precipitarse en cerrar el capítulo podría afectar a la gestión de la emergencia” de protección civil asociada a la erupción volcánica, dijo.

Recalcó que no es una cuestión de “curarse en salud” por parte de los científicos, sino de “poner muchos datos sobre la mesa para ver qué está pasando”.

Meletlidis hizo hincapié en que para llegar a la conclusión de que una erupción ha comenzado “se tardan 30 segundos”, pero “para hablar de decaimiento o de final se necesitan muchos argumentos científicos” y “es muy difícil preverlo”.

Su colega en el Centro Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC) Vicente Soler indicó que, a pesar de que algunas variables han mejorado, como las emisiones de dióxido de azufre (SO2), aunque hay fluctuaciones de los valores, o la estabilidad en la deformación del terreno, hay otros factores que hay que tener en cuenta, además, claro está, de la sismicidad y del tremor.

El primero es la dificultad que entraña medir el caudal de lava que está expulsando el volcán, porque ésta procede de un salidero que vierte en un tubo y recorre bajo superficie más de 500 metros para luego discurrir por varias ramificaciones.

Sea lo que sea que depare en el futuro, este experto recalca que 60 días de erupción “ya son muchos” y, de momento, este volcán ha ido “batiendo algunos récords”. “Esperemos que no los bata todos. Sobre todo el de duración”.

Según datos oficiales, hay 1.467 edificaciones que han quedado destruidas, de las cuales 1.184 son de uso residencial, 154 agrícola, 67 industrial, 34 de ocio y hostelería, 13 de uso público y 15 de otros usos.