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Los guardianes indígenas del Amazonas en Brasil

ago. 28, 2019

En el corazón del Amazonas, Ajareaty Waiapi realiza uno de los rituales más tradicionales de su tribu. La jefa tribal machaca las semillas de urucum rojo sangre en una pasta espesa y se lo aplica generosamente en la cara, el pecho y el torso desnudos. La mezcla protege su piel del sol y los insectos. También se cree que aleja a los espíritus malignos.

Durante décadas, los waiapi han vivido en el estado brasileño de Amapa, casi aislados del mundo no indígena y en armonía con la selva tropical. El río y los árboles que sostienen su estilo de vida a menudo se describen como los pulmones del mundo.

Ahora, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quiere cambiar eso, con propuestas que incluyen sacar a la tribu de su territorio legalmente demarcado y abrir la tierra a los mineros para explotar depósitos inactivos de cobre, hierro y oro cerca de sus hogares.

Sus políticas favorables a los negocios en la Amazonía han sido atacadas recientemente por alentar la deforestación, ya que los incendios forestales masivos ahora arrasan grandes extensiones de la selva tropical.


Los waiapi creen que son los guardianes del Amazonas y están dispuestos a hacer lo que sea necesario para protegerlo. CNN obtuvo un acceso poco común a una aldea waiapi y habló con los líderes tribales sobre lo que podría pasar si el gobierno expropia sus tierras.

Los waiapi creen que deben su existencia a una melodía interpretada por el divino creador Jane Jara. Según la leyenda, Jane Jara comenzó a tocar una canción en una flauta larga hecha del tronco de un árbol de embaúba. Mientras cantaba y tocaba, nacieron los waiapi.

Los waiapi entraron en contacto con personas no indígenas en 1973, cuando el gobierno brasileño comenzó a construir una nueva carretera, conocida como el perímetro norte BR-210. El proyecto fue abandonado tres años después, pero se construyó lo suficiente como para permitir que los cazadores de pieles y mineros llegaran a terreno waiapi, trayendo enfermedades como el sarampión y alterando su estilo de vida.

La tribu se alejó de lo que llaman los “invasores” en la década de 1980 y tomó el control de la zona, según un estudio publicado por el Instituto Socioambiental (ISA), un grupo brasileño de defensa ambiental sin fines de lucro.

“Hace algún tiempo, vivíamos bien; no nos preocupábamos por la tierra ... No sabíamos que en el futuro tendríamos muchos invasores, madereros y exploradores mineros. Muchos hablan de nuestra tierra hoy, dicen que quieren tomar nuestra tierra”, dice Ajareaty, de 59 años, una de las pocas jefas mujeres waiapi.

Su aldea, Kwapo’ywyry, es una de las 92 aldeas waiapi que salpican las aproximadamente 600.000 hectáreas en el norte de Brasil que fueron declaradas oficialmente reserva indígena en 1996. El área fue clasificada por la agencia nacional de asuntos indígenas de Brasil (Fundación Nacional del Indio, FUNAI) como un “reserva indígena tradicionalmente ocupada”.

“Nuestros líderes lucharon mucho para demarcar la tierra indígena porque escuchamos que si no lo hacíamos, los líderes no indígenas entrarían y terminarían con nuestra tierra en el futuro ... Por eso hicimos la demarcación”, dice la jefa Ajareaty.

Pero el reconocimiento legal no ha protegido completamente su tierra de la intrusión, dicen. En julio, miembros de la tribu aseguraron que un grupo de mineros invadió ilegalmente el pueblo cercano de Mariri y mató al jefe Emyra Waiapi, de 68 años.

Viseni Waiapi, quien vive en la aldea de Ajareaty, fue una de las personas que encontró el cuerpo sin vida de Emyra cubierto de heridas en un río local, según dijo. Unos días más tarde, el 27 de julio, envió un mensaje de audio de casi cinco minutos a los medios de comunicación brasileños e internacionales, alegando que un grupo de mineros ilegales fuertemente armados y personas no indígenas habían apuñalado violentamente a Emyra en todo su cuerpo, incluyendo sus genitales.

“Estamos pidiendo ayuda ... Estamos en grave peligro”, dijo Viseni en portugués durante el mensaje.

Poco después de la noticia de la muerte de Emyra, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, emitió una declaración pidiendo al gobierno de Brasil que “reconsidere sus políticas hacia los pueblos indígenas y sus tierras, para que el asesinato de Emyra Waiapi no augure una nueva ola de violencia”.

Bolsonaro reaccionó a los reclamos y dijo a los periodistas en Brasilia que la Policía Federal estaba investigando la muerte y que no estaba convencido de que Emyra hubiera sido asesinado.

“Hasta ahora, no hay pruebas contundentes de que este (jefe) indígena haya sido asesinado. Hay varias posibilidades ... La Policía Federal está allí, están siendo enviados allí para llegar al fondo del caso y descubrir la verdad sobre esto”, dijo.

El 16 de agosto, la Policía Federal de Brasil finalmente emitió un informe preliminar,concluyendo que Emyra había sufrido una lesión en la cabeza y que la causa de la muerte fue ahogamiento. Destacó que durante la investigación inicial no encontraron señales de que personas no indígenas invadieran la reserva o de un posible enfrentamiento, y que la policía aún estaba esperando un informe de toxicología en los próximos treinta días.

Cuatro días después, la Asociación de Pueblos de Waiapi emitió una declaración en la que rechazaba el informe policial y afirmaba tener imágenes que mostraban que Emyra había sido apuñalado. La Asociación señaló que las fotos habían sido entregadas a la Policía Federal, FUNAI y la Comisión de Derechos Humanos de la cámara baja del Congreso de Brasil. También dijo que el río donde se encontró a Emyra era poco profundo y que sería muy difícil que una persona adulta se ahogue por accidente.

El ministro de Medio Ambiente de Brasil, Ricardo Salles, afirmó durante un evento en Sao Paulo el 20 de agosto, que Emyra se había ahogado después de beber demasiado.

“Parece que la triste muerte de un líder indígena, que algunos medios de comunicación han atribuido a mineros ilegales que dicen que invadieron la tierra y lo mataron, fue causada por que él bebió demasiada cachaçinha (licor brasileño), cayó al río y se ahogó”, dijo sin ofrecer ninguna evidencia para corroborar el supuesto consumo de la bebida.

CNN contactó al Ministerio de Medio Ambiente para solicitar evidencia que respalde la afirmación del ministro, pero no recibió una respuesta.

Fuente: CNN español