TC Televisión | La guerra ‘Donald Trump vs. Jay Powell’ se libra en nuevos frentes

La guerra ‘Donald Trump vs. Jay Powell’ se libra en nuevos frentes

ago. 12, 2019

Durante un año, Powell ha sido el destinatario de abusos por parte del presidente Donald Trump, quien ha tachado a la Fed de “loca” y “la mayor amenaza” para la economía del país. Palabras del mismo hombre que lo puso en el puesto. Powell disfrutó de cinco meses al timón del banco central tras reemplazar a Janet Yellen en febrero de 2018. Pero a medida que él y sus colegas aumentaron los costos de los préstamos, la ira del presidente escaló. Trump lanzó su primer ataque en julio de 2018 y la embestida empeoró cuando la Fed siguió con cuatro alzas en las tasas a lo largo del año, la última en diciembre. Eso, junto con una tensa economía global, causó una caída temporal en los mercados financieros, inflamando más al presidente.

Fue entonces que Trump comenzó a indagar sobre su potestad para destituir al jefe de la Fed en discusiones reportadas por Bloomberg News el 21 de diciembre. Cuando los asesores le informaron que no tenía la autoridad para despedir a Powell, en febrero el presidente pidió a los abogados de la Casa Blanca explorar la posibilidad de removerlo, una jugada cuestionable que podría llevar a una problemática batalla judicial. Así, Trump afirmó el 23 de junio que tiene el poder de degradar a Powell.

Antes, Trump había llenado tres vacantes de la Junta de Gobernadores de la Fed, compuesta por siete miembros, y elevó a Powell al cargo máximo, nombramientos que fueron bien recibidos. Sin embargo, claramente decepcionado con su desempeño, emprendió un esfuerzo concertado para llenar dos vacantes adicionales con personas que seguirían su línea en el tema de las tasas de interés. De acuerdo con dos personas enteradas, a los candidatos entrevistados este año para el puesto de gobernador se les pregunta si apoyarían un recorte de tasas si hoy fueran parte de la Junta.

Según una fuente interna, el esfuerzo de Trump por controlar a la Fed ha asustado al personal más que sus despotriques públicos. Como mínimo, significaría la politización de reuniones a puerta cerrada del banco central sobre política monetaria. Y en el peor de los casos, podría significar una amenaza más fundamental para la institución.

Judy Shelton, exasesora económica de Trump y candidata a ocupar una de las dos vacantes de la Fed, representa esos temores. De la misma manera que las elecciones de Trump para dirigir la Agencia de Protección Ambiental y la Agencia de Protección Financiera del Consumidor han tratado de socavar la labor de esas agencias, Shelton podría traer un nivel de ruptura iconoclasta rara en la Reserva Federal.

Mientras tanto, ni el fin del incremento de las tasas le ha dado un respiro a Powell. En enero decidió no endurecer la política monetaria. Luego, en marzo, la Fed suspendió sus planes para elevar las tasas en 2019 ante los riesgos de una desaceleración mundial, derivados por la guerra comercial de Trump. Fue entonces cuando el presidente emprendió una cruzada por los recortes de las tasas de interés. La economía despegaría “como un cohete” si solo Powell lo escuchara y comenzara a relajar la política monetaria, dijo Trump en julio.

La semana pasada, parecía que Trump había conseguido su objetivo cuando la Fed decidió bajar, por primera vez desde la Gran Recesión, 25 puntos base su tasa de referencia. Sin embargo, Powell negó que el movimiento deba ser interpretado como el inicio de un ciclo prolongado de bajas en las tasas. Trump mostró de inmediato su molestia en Twitter. “Como siempre, Powell nos decepcionó”, escribió el mandatario.

Algunos se preguntan si Powell podría ceder ante la presión de la crítica diaria y tal vez renunciar. “Inconcebible”, dice David Rubenstein, cofundador de Carlyle Group, donde Powell fue socio desde 1997 hasta 2005. “No es una persona que simplemente le dé la espalda a las cosas, es muy resistente, y creo que tiene la personalidad adecuada para esto”.

De hecho, durante su comparecencia ante el Congreso le preguntaron si dejaría la Fed si Trump le pide su renuncia, Powell respondió que no.

El abogado de 66 años ha pasado más de dos décadas trabajando en Washington. También amasó una fortuna multimillonaria en el negocio del capital privado antes de trabajar para el gobierno en 1990, cuando su mentor Nicholas Brady fuera nombrado secretario del Tesoro. Tras otro periodo en el sector privado, Powell se unió a un laboratorio de expertos, el Bipartisan Policy Center, antes de que el presidente Barack Obama lo designara miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed 2012.

Powell fue gobernador por seis años, y se ganó el respeto de sus colegas y de economistas del banco. En el camino, su templanza también ganó reputación. “En algunas personas está en su naturaleza ser directo y no alterarse”, dice G. William Hoagland, vicepresidente del Bipartisan Policy Center.

En 2011, Hoagland y Powell ayudaron a persuadir al Congreso de aumentar el techo de la deuda para evitar un impago que hubiera sido desastroso para los mercados financieros, el dólar y la economía.

Powell también ha cultivado aliados en el Congreso, el verdadero jefe de la Fed. Cumplió su promesa de 2018 de “desgastar las alfombras del Congreso” en una relación cercana, con casi 150 reuniones o llamadas telefónicas con legisladores desde que asumió la presidencia del banco central. Sus peregrinaciones al órgano legislativo parecen estar dando frutos: varios republicanos lo apoyan.

Aunque las críticas de Trump al banco central generan nota, no hay indicios de que haya alterado la forma en que Powell y el resto de la Fed trazan la política monetaria. Se trata de una entidad sumamente enfocada cuyo reloj circadiano está ajustado al calendario de reuniones del Comité Federal de Mercado Abierto, ocho al año. Cada ciclo conlleva un proceso preparatorio para desarrollar propuestas de política monetaria que puedan defenderse. Las opiniones políticas son tabú. No valen las intuiciones ni corazonadas. “Si uno de ellos tiene una opinión sólida y no puede estructurarla, no logrará que nadie más se le una”, dice Nellie Liang, quien es exdirectora de la división de estabilidad financiera de la Reserva Federal.

Después de más de siete años en la Reserva Federal, se cree que Powell es leal a esos ideales. La decisión de levantarse y renunciar constituiría una traición gigantesca. “Lo que causaría un daño profundo y duradero es si Powell renunciara y se nominara a una persona cuyas únicas credenciales fueran su partidismo político”, advierte Wilcox.

En 2016, con dos vacantes en la Junta de Gobernadores y el mandato de Janet Yellen por expirar, ese temor surgió cuando Trump ganó la Casa Blanca. Por un tiempo sus nominaciones fueron una grata sorpresa. A pesar de que prescindió de Yellen, ascendió a Powell y elegió a Richard Clarida como vicepresidente y a Randal Quarles como vicepresidente de supervisión bancaria.

El exvicepresidente de la Fed Alan Blinder cree que el banco central puede lidiar con una apóstata en la Junta de Gobernadores sin mucho problema. “Es posible que un miembro muy excéntrico sea parte de la Junta, ¿y qué?” dice Blinder. “Ella estaría aislada intelectualmente”. Pero dado el desprecio de Trump hacia Powell, Shelton, de ser ratificada, representaría una posible presidenta en espera. Un funcionario de la administración le dijo a Bloomberg en julio que esa es una opción una vez que termine el mandato de Powell, o incluso antes.

Si Shelton llega al puesto más alto, podría trastocar la institución. “Me gustaría pensar que es un resultado impensable”, dice Blinder. “Nunca hemos tenido una rebelión abierta contra un presidente de la Fed. Y si eso ocurre, existe la posibilidad de que haya una rebelión abierta”.

Hay dos caminos hacia ese escenario todavía remoto. En uno, Trump gana la reelección y espera a que Powell concluya su mandato de cuatro años antes de nominar a Shelton, para ese entonces gobernadora, como el timón del banco central. En el segundo, Trump degrada a Powell una vez que Shelton es confirmada como gobernadora.

Previsiblemente, el demócrata Sherrod Brown miembro del Comité Bancario del Senado, criticó la candidatura de Shelton y dijo que es poco probable que obtenga apoyo de su bancada. “Ella está particularmente descalificada. Es demasiado política. Amenaza la independencia de la Reserva Federal”, dice. Los demócratas necesitarían al menos cuatro senadores republicanos de su lado para rechazarla.

Fuente: EF