TC Televisión | El Gobierno francés quiere bajar impuestos tras la crisis de los ‘chalecos amarillos’

El Gobierno francés quiere bajar impuestos tras la crisis de los ‘chalecos amarillos’

abr. 08, 2019

La principal conclusión del Gobierno francés tras casi cinco meses de protestas de los chalecos amarillos es que los franceses sienten una "gran exasperación" por la presión fiscal, y que esta requiere medidas urgentes. "Debemos bajar los impuestos lo más rápido posible", dijo este lunes el primer ministro, Édouard Philippe, al presentar los resultados del gran debate nacional, la macroconsulta ideada por el presidente Emmanuel Macron para salir de la peor crisis de su presidencia. Estos resultados dibujan un país complejo: no prerrevolucionario, como podían sugerir las imágenes más vistosas de los chalecos amarillos, pero sí descontento con el statu quo.

Más de un millón y medio de franceses han contribuido al gran debate, participando en más de 10.000 reuniones locales entre mediados de enero y mediados de marzo, enviando sus contribuciones por iVALEnternet o escribiendo sus peticiones en los cuadernos de quejas —término con el que se designó la consulta similar en 1789, al inicio de la Revolución Francesa— disponibles en los municipios.

El gran debate revela una Francia que quiere menos impuestos. Considera que estos pesan demasiado sobre las clases medias y que ahora la carga fiscal está mal repartida. Cree que quienes pagan más deben contribuir más. Al mismo tiempo, asume la necesidad de recortar el gasto público. Los recortes deberían centrarse en el gasto militar y las ayudas a la vivienda, según el informe. En Francia el gasto público representa el 56,8% del producto interior bruto, el segundo más elevado de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y este es el que más impuestos recauda respecto al PIB, un 46,3%. También es uno de los países con políticas fiscales más redistributivas.

La revuelta de los chalecos amarillos estalló en noviembre de 2018 como una protesta contra la tasa al carburante. El aumento de la tasa perjudicaba especialmente a los franceses que viven en ciudades pequeñas y medianas y necesitan el automóvil para vivir. La prenda fluorescente que es obligatorio tener en el coche se convirtió en su símbolo. Con bloqueos en carreteras y rotondas y manifestaciones cada sábado, poco concurridas pero algunas de ellas violentas, pusieron patas arriba la agenda del reformista Macron, en el poder desde 2017. Como respuesta, el presidente se sacó de la manga la idea del gran debate, un ejercicio de democracia deliberativa con pocos precedentes en este país.

Además de querer pagar menos impuestos, los franceses se quejan por el desmantelamiento de los servicios públicos en las zonas rurales, por la complejidad de la burocracia y la lejanía de los funcionarios. No cuestionan el centralismo del país, pero quieren al Estado más cerca. El primer ministro Philippe lo resumió en términos psicológicos. "Es el aislamiento, el abandono, la indiferencia, la falta de atención y de consideración", dijo. "Vivimos en un país en el que ya no nos vemos, ya no nos hablamos". A estos se añade la desconfianza creciente en las élites políticas: no tanto el alcalde sino el diputado. Cuanto más lejanía, mayor el desencuentro.

Muchas de las medidas que, durante estos meses, han refrendado los participantes en el gran debate ya figuran en el programa del Gobierno francés. La bajada de impuestos, por ejemplo, o la reducción del número de parlamentarios.

El problema para Macron, que en las próximas semanas empezará a desgranar sus propuestas, será cuadrar el círculo: bajar impuestos y encontrar dónde recortar el gasto sin causar una nueva sublevación. O conjugar la lucha contra el cambio climático, una exigencia que en Francia cuenta con un respaldo amplio, con la negativa de las mismas personas a pagar más por la gasolina o el gasóleo. Reclamaciones estelares de los chalecos amarillos, como una reforma constitucional para permitir un referéndum de iniciativa ciudadana, apenas han aparecido en el gran debate.

Fuente: elpais.com